La felicidad siempre es doble cuando haces lo que te gusta con la gente que quieres. Tres colegas celebrando una cima helada en un frío día de invierno. No importa la temperatura exterior si sabes que la recompensa siempre viene envuelta en la calidez de la amistad. En algunas culturas las cimas de las montañas son moradas de los dioses, en la nuestra, son lugares de culto para todos aquellos que buscamos paz, armonía, silencio, sacrificio, deporte, camaradería y espectaculares paisajes que hacen que merezca la pena madrugar y dedicar unas horas a estar ajenos a nuestra monótona cotidianidad. Siempre vale la pena el esfuerzo realizado y la recompensa, al igual que pasa en la vida, no está en la meta sino en el camino recorrido, en las experiencias vividas y en las personas con las que compartes un trecho del camino. En el fondo de la escena otras cimas que esperan ser holladas y también una cruz helada como símbolo de recuerdo de todos aquellos que ya nos contemplan desde otra dimensión. El atuendo siempre acorde al escenario, los complementos siempre acordes a la seguridad y la sonrisa de los amigos siempre acorde a la felicidad del reencuentro y de saber que el objetivo marcado ha podido ser cumplido. A veces en la sencillez radica la alegría de todos aquellos que pensamos que estamos aquí precisamente para eso, para ser felices y de que por muy cuesta arriba que se nos ponga el camino a seguir siempre habrá motivos para juntarse, para trazar nuevos sueños e ilusiones y para compartir la aventura de la vida con aquellas personas a las que dedicamos en exclusividad el título honorífico de nuestros queridos y maravillosos incondicionales. Así pues, levanto mi piolet y brindo por vosotros y por los viajes venideros en los cuales las montañas siempre tendrán un lugar privilegiado.
Toño Villalón

Y hay que reconocer que hiciste un "camino recorrido" un poco accidentado y con muchos "apretones" para subir ese día al pico.
ResponderEliminarUn abrazo
Guiller