El hombre y su mejor amigo; no existe mayor reclamo. Por la expresión del hombre se deduce complicidad y bienestar, por la del amigo fortaleza y robustez al ver como sus patas se adaptan a la orilla arenosa sabiendo que solamente a una orden pueden levar anclas y ejecutar el siguiente movimiento, cual grumete obedeciendo a su capitán sin cuestionar el cómo, el cuándo y el dónde. El hombre intenta posar a su altura rodeando el brazo por su cuello como tantas y tantas veces lo ha hecho con sus “otros” amigos, consiguiendo ese gesto de camaradería y compenetración que hace que ambos se tengan adoración y respeto. La inteligencia y el instinto mojados por la salitre de las rutinarias y cadenciosas olas e iluminados por un sol que provoca que uno sonría y el otro busque nervioso la actividad que le sacie la energía acumulada dentro de su potente, oscuro e inexpugnable cuerpo. Al fondo los lujosos yates y veleros ajenos a tanta sencillez en la orilla y a tanta grandeza en el interior de ambos. Quien no ha compartido su vida con un perro jamás comprenderá el verdadero significado de la nobleza.
Toño Villalón

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